domingo, 27 de mayo de 2018

Distintas formas de abordar la resolución de conflictos

Si comparamos la sociedad actual con la sociedad industrial, vemos cómo se produjo un “giro dialógico” en las relaciones interpersonales. Cada vez más pierden legitimidad las relaciones de autoridad incuestionable, y el diálogo se vuelve un elemento central a la hora de llegar a un acuerdo (Aubert et al., 2008; Elboj Saso, Puigdellivol Aguadé, Gallart y Valls, 2002).

Teniendo en cuenta estos cambios sociales, pueden distinguirse tres modelos de resolución de conflictos:

Modelo disciplinar: se basa en una organización jerárquica, en la cual las autoridades toman las decisiones acerca de qué es lo que debe o no hacerse, y todo el resto debe ajustarse a ellas. Para garantizar el cumplimiento de las normas, se aplican sanciones.

Modelo moderador: también en este modelo las normas están establecidas por una autoridad, pero la principal diferencia está en que su aplicación no se da en dirección tan vertical. Frente a un conflicto, interviene un mediador que propicia el diálogo entre las personas involucradas, buscando llegar de manera cooperativa a una solución satisfactoria que contemple la norma ya establecida. En este modelo, el diálogo es una herramienta clave para la resolución de conflictos: se entiende
que una comunicación de calidad es fundamental para alcanzar la raíz de los conflictos y encontrar una solución satisfactoria para las partes (de Armas Hernández, 2003). En este sentido, resulta superador respecto del modelo disciplinar.

Modelo dialógico: en este modelo, el diálogo aparece desde la instancia misma de construcción de las normas; es decir, toda la comunidad participa en este proceso, y el valor de los aportes que cada uno pueda hacer está dado por la validez de sus argumentos, y no por la posición que ocupan en la escuela. El diálogo es la herramienta clave, pero ya no en la instancia posterior al conflicto, sino en la anterior. Es decir, este modelo se concentra en la prevención de los conflictos, creando un clima colaborativo en el cual todos participan en la creación de normas y en las formas de resolver los conflictos (Flecha y García, 2007). Mediante esta participación, todos logran entender y dar sentido a las normas establecidas.

Una herramienta escolar inspiradora en esta línea son los “acuerdos institucionales de convivencia” que buscan que todos participen en la construcción de las normas, tanto directivos, como docentes, alumnos y padres de la comunidad escolar.

Estos acuerdos constituyen la piedra fundamental sobre la que se constituyen las relaciones en la escuela. Integran las normas que con sentido formativo regulan la conducta de los miembros de la comunidad educativa. No son solo reglas que tendrán que cumplir los alumnos, sino una enunciación de principios, valores, derechos y obligaciones de los distintos actores escolares.

En el trabajo realizado por Braslavsky (2004) sobre buenas escuelas de la región, se evidenció que estas escuelas logran que sus integrantes cumplan las normas y alcancen la disciplina necesaria como condición para aprender. A su vez, consiguen reducir la violencia a través de actividades artísticas (plásticas o musicales) y deportivas.

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