Partiendo de los hallazgos de numerosos estudios que demuestran que la participación de la comunidad en la escuela mejora el rendimiento académico de los alumnos (Epstein, 1983; Grolnick, Kurowski y Gurland, 1999; Harvard Family
Research Project, 2006), los investigadores del proyecto INCLUD-ED han definido cinco tipos de participación de las familias, y han investigado cómo se asocia cada uno con el aprendizaje de los alumnos:
Participación informativa: las familias son receptoras de información sobre las actividades que se realizan en la escuela, su funcionamiento y las decisiones que ya fueron tomadas.
Participación consultiva: las familias solo participan a través de los órganos de gobierno de la escuela, donde se las consulta sobre algunas de las decisiones que se toman.
Participación decisoria: las familias participan de los procesos de toma de decisión en los órganos correspondientes, donde tienen una participación representativa.
Participación evaluativa: las familias participan en el proceso de aprendizaje de los alumnos (ayudando a evaluar su progreso académico) y de la evaluación general de la escuela.
Participación educativa: las familias se involucran directamente en las actividades de aprendizaje de los alumnos, tanto en horario escolar como extraescolar. También participan de instancias formativas destinadas a los mismos familiares, pensadas para dar respuesta a sus necesidades.
Los estudios sobre el tema indican que, de los cinco tipos de participación, los modelos que más contribuyen al éxito escolar de todos los alumnos son los últimos tres: la participación decisoria, la evaluativa y la educativa. En ellos, las familias se involucran más e influyen con mayor fuerza sobre las decisiones que se toman (Comisión Europea, 2011).
Las familias son fuentes de motivación, de contención, de conocimientos (no necesariamente académicos) y hasta de recursos: todos factores que pueden potenciar el trabajo que se hace en la escuela.
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